13.12.14

Guitarrico anarquista - Francisco Pezoa

Trabajador sudoroso,
en verano y en invierno
llégate a mi guitarrico,
que esta cantando y gimiendo,
y oye mi canto que vuela
en las alas de los vientos.
                 I
Yo canto para los pobres
el canto de la miseria,
que se entona por las calles
en los días de la huelga,
ese canto de amenazas
que en los motines se eleva,
y que tiene un tono como
de cadenas que se quiebran
¡Pobre guitarrico! –vélo como jime-
oye lo que canta- oye lo que dice:
yo soy el consuelo de los proletarios,
yo soy la esperanza de los libertarios
                   II
Yo canto la patria nueva,
la “ciudad del buen acuerdo”,
donde es común la faena,
común también el premio,
en donde todos poseen
un rincón de prado ameno,
e en donde hay pan para todos
y para todos hay besos.
¡Pobre guitarrico! –oye su lamento,
como un eco triste –que se va perdiendo....
y que va anunciando con su melodía,
la alborada bella de paz y Anarquía.
(El Trabajo, Coquimbo, 28 septiembre de 1907)

Los amigos ocultos del Estado: Nacionalismo y anarquismo en el conflicto chileno peruano de ayer y hoy.

Por Nedd Lud


“Seréis capaces de decirme, quien amara más la patria,
¿el que la empuja a la guerra o el que quiere salvarla de la guerra?”

Mientras escribo estas líneas se está leyendo la resolución de La Haya con respecto a la demanda marítima que el gobierno de Perú le ha hecho al de Chile. Podríamos decir “pero, ¿qué importa? Si al final de cuentas, los recursos económicos extraídos de tal sector marítimo no favorecen ni a uno ni a otro pueblo en cuestión, sino que a un pequeño grupo privilegiado de la elite político económica de ambos países”. Cierto, salvo por un detalle: lo anterior es desconocido u olvidado por una parte considerable del pueblo peruano y chileno. He ahí la importancia del asunto y es nuestro deber tener en consideración dicha información a la hora de confrontar argumentos.
Y como enuncia el dicho “la historia se repite”, no es primera vez que tanto el Estado chileno como peruano inciten a través de su prensa (burguesa) el sentimiento nacionalista, siempre con el fin de alistar emocionalmente a sus respectivos pueblos en concretas o posibles situaciones de guerra. Como tampoco es primera vez que, ante tal llamado nacionalista, los anarquistas hagan denuncia pública de ello y no de forma errada.
Es así como en 1920, ante el rumor de que en Bolivia se había realizado un golpe de Estado orquestado por Perú con el fin de organizarse e ir en busca de las tierras antiguamente usurpadas (Tacna, Arica, Tarapacá y Antofagasta), el Estado de Chile, sin haberse confirmado lo anterior,  decide movilizar 10 mil reservistas a la frontera norte. La iniciativa no solo conto con el apoyo de la prensa oficial, congresales y gran parte del país, sino que también resurgieron las que antiguamente se conocerían como Ligas Patrióticas: “organizaciones cívicas abocadas a la reafirmación del sentir nacionalista, funcionando como agentes de presión en las ciudades en que actuaron (…) Sus principales actividades consistieron en realizar mítines ‘patrióticos’, conmemorar efemérides militares, hostigar a la población peruana”[1], entre otras funciones.
Varias fueron las voces que respondieron de forma crítica ante tal marea nacionalista, como también varias tuvieron su contra respuesta. El local de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) fue saqueada; la Federación de Obreros de Chile (FOCh), luego de un incidente, fue silenciada; el local de la Federación de Obreros de Magallanes (FOM) fue quemado, y el de la Industrial Workers of the World (IWW), sección Valparaíso, fue allanado.
La misma suerte corrieron los periódicos obreros. El principal denunciante de las malas prácticas realizadas por las ligas fue El Surco, periódico iquiqueño; teniendo como su contraparte compañera a La Protesta, principal referente anárquico en Perú. A través de sus páginas se difundía la antítesis del concepto patria: una aberración, origen de la guerra, complemento del gobierno, del ejército y, por ende, de toda autoridad; al contrario, el anarquista apela por la fraternidad entre los pueblos, eliminación de todo poder y enfrentamiento bélico. Ante tales palabras, el Estado chileno conjunto a las ligas patrióticas se dispusieron a sacar de circulación a la prensa obrera, como por ejemplo El Surco, La Comuna, La Batalla, La Jornada, El Socialista, El Trabajo, entre otros.
Todo este episodio de tinte nacionalista, el cual conto con varios momentos de represión obrera, discriminación racial e inclusive muertes (ver el caso de José Domingo Gómez Rojas [2]), finalizo sin enfrentamiento bélico entre las dos regiones. Perú nunca respondido ante la movilización de las tropas chilenas.
Para finalizar, decir que nunca esta demás recordar estos hechos en tiempos de marea nacionalista, porque eso es lo que es: un sentimiento que, al igual que la marea, viene y se va, orquestado por los grupos de poder respectivos a cada país. La historia no enseña que lo que hoy llamamos Estado-Nación no es más que solo un capitulo dentro la historia de la humanidad, asi como también que la hermandad peruana-chilena ya se ha visto enfrentada a situaciones similares a las de hoy en día. Y los libertarios seguimos de pie.
Hace horas que ya se ha entregado el fallo de La Haya. Poco importa el resultado para nuestros fines, pero repito: es importante saber quién es nuestro enemigo, a decir las familias y grupos económicos: los amigos ocultos del Estado.
Enero, 2014.

Fuentes:
  • [1] y [2] Arde la patria: Los trabajadores, la guerra de don Ladislao y la construcción forzosa de la nación (Chile, 1918-1922) – Víctor Muñoz C. (Revista online Pacarina del Sur).
  • Orígenes de la fraternidad anarquista entre Perú y Chile – Manuel de la Tierra. (Periódico El Amanecer).


3.6.14

Invitación al Boletín Pampa Negra n°2


El Taller de Estudios Anarquistas de Antofagasta, extiende la invitación a participar en las Jornadas de Debate y Reflexión que darán origen al boletín Pampa Negra N°2. La edición anterior nos dejó el buen balance de la actividad enmarcada en los 108 años de la Matanza en la Plaza Colón, así como también el deseo de desarrollar más esta iniciativa.

Para esta oportunidad, esperamos profundizar en temáticas históricas y contemporáneas ligadas al territorio geográfico del Norte Grande. A modo de sugerencia, proponemos los siguientes ejes a tratar:

- Geografías territoriales, políticas y económicas de la Pampa.
- Movimiento obrero en el Norte Grande. (1890 – 1930)
- Resistencia a la dictadura en Antofagasta y Calama (1973 – 1989)
- Literatura: escritores del desierto.

Invitamos a las y los compañeros interesad@s inscribirse al correo: boletinpampanegra@gmail.com adjuntando propuesta de tema a tratar y una breve descripción de este. También pueden ser ejes distintos a los que hemos considerado, la idea es ir coordinando colectivamente el desarrollo de las sesiones. 

¡A propagar las instancias horizontales!


Pronto ampliaremos más información a través de: htpp://pampanegra.blogspot.com
Taller de Estudios Anarquistas de Antofagasta
Boletín Pampa Negra.

13.5.14

Morir entre rieles: Breve reseña de los expropiadores de trenes en el Norte Grande

Por Rebeldesierto
Periódico "El Sol Ácrata" Antofagasta, abril del 2014.

Como ya hemos señalado en otras oportunidades, el amanecer del siglo XX fue bastante crudo para las miles de familias obreras y desposeídas en el norte de la región chilena. La nueva centuria no había traído nada de nuevo, tan solo más miseria, más  hambre y en muchos lugares resignación.  Sin embargo, hubo inconformes que despreciaron la sumisión, y ya sea a través de la organización colectiva o en el acto individual, decidieron hacer frente a esta situación ignominiosa, promovida por el clero, la burguesía local y los farsantes del gobierno de turno.

Entre esta vasta gama de espacios y personajes, hoy nos referiremos a los expropiadores del  FCAB (Ferrocarril Antofagasta - Bolivia), quienes actuaron con la finalidad de sobrevivir y llevar sustento a sus hogares, o tal vez con móviles personales, políticos o más profundos que hoy desconocemos. Tal vez los haya impulsado el repudio al trabajo, el hastío ante explotadores patrones o las vertiginosas ansías de ir de un pueblo otro sin dejar más huella que la acción cometida, no lo sabemos.

Los escenarios principales de estos atracos fueron las estaciones, vagones o muelles, lugares donde se concentraban grandes sumas de capital, pues además de acumularse mercadería y productos importados, se encontraba a acaudalados comerciantes e industriales, quienes viajaban de una oficina salitrera a otra, o bien en barco hacía algún otro destino. No por nada los vigilantes del FCAB, esbirros protectores del capital, portaban rifles Winchester, y en las paredes se encontraban los típicos avisos “Se Busca” con fotografías, seudónimos y prontuarios de los bandoleros. Inclusive se ofrecieron grandes sumas por algunas cabezas.

Entre los casos más bullados encontramos en 1915 a una banda de atracadores provenientes de Bolivia, los que en aquella región habrían expropiado el banco nacional. O también a la famosa Wild Bunch (Pandilla Salvaje), la que incluso inspiró una película en 1969. Se dice que estos “forajidos” norteamericanos asaltaron bancos en la región argentina, en el norte de la ficción chilena y más tarde en territorio controlado por el estado boliviano, donde finalmente morirían en 1908.  Caso aparte es el ya mítico Silverio Lazo, “El Chichero”, quién después de una larga temporada en el calabozo y golpizas policiales, se habría convertido en “el terror” de los comerciantes y la burguesía antofagastina, la que fijó en alto precio su captura a lo que este respondió asesinando a uno que otro guardia. En palabras del poeta Sabella “SILVERIO Lazo, "El Chichero"/Mitad gaviota y navaja /ante nadie se rebaja /con su cuchillo minero”. Otros salteadores “locales” fueron “La Jirafa”, “El guatón guaso”, el temido Juan Gonzáles, alías “La muerte andando” y un pequeño apodado “El care’ galleta” quien le habría sustraído siete colleras de oro a un inglés de apellido Goodman.

Además de estos casos, más “emblemáticos” y bullados, la expropiación al ferrocarril corrió principalmente por sus propios trabajadores; palanqueros, combinadores, bodegueros y conductores recuperaron parte de su trabajo robado llevándose mercaderías, víveres y uno que otro objeto de valor para sus casas, lo que les costó la expulsión y registro en las famosas fichas negras, que corrían entre las casas comerciales y oficinas salitreras negando el trabajo a agitadores, organizadores y también a expropiadores. Otra consecuencia, más terrible, fue la muerte, muchos cayeron acribillados por la sección de vigilancia de la Compañía, o fueron puestos a disposición de las autoridades y ejecutados por fusilamiento sin prueba alguna más que la palabra de la Compañía, quién era capital, juez y policía en la región.

Finalmente podemos señalar que si bien estos actos no tuvieron, aparentemente, un móvil político e ideológico claro, y no fueron producto de una estrategia en contra del estado o del capitalismo, si responden a una reacción y reflexión individual ante la injusticia reinante, pues supieron identificar en el ferrocarril y en la burguesía de la época a los responsables de su situación, y por tanto los convirtieron en su objetivo a expropiar.


Estación de Ferrocarriles Antofagasta, hacía 1920.

8.5.14

Matanza en la Plaza Colón: Antofagasta, febrero de 1906. Los anarquistas y la organización obrera en estas tierras.

Por “Esprella”.

“Hacia las siete y diez, el cielo de Antofagasta fue incendiado por un infame baleo de tres minutos: los comerciantes bajaron los ojos de Cristo en la Iglesia, cambiando su gesto meloso por el ceño de las armas. Surgió una “Guardia de Orden” que, unida a los marinos del “Blanco Encalada”, permitió a la muerte devorar, tranquilamente, un espléndido racimo de corazones…”
(Andrés Sabella en Norte Grande).

Preámbulo:
Plaza Colón hacía 1900
Hace  108 años la Plaza Colón y las calles céntricas antofagastinas se tiñeron de sangre. Centenares de obreros se congregaron en la Huelga General, y enfrente no encontraron más respuesta que las carabinas civiles y militares, ambas defensoras de los intereses de la oligarquía. Lo que exigían, por esas coincidencias de la historia, era media hora más para colación, ya que el tiempo con el que contaban se les hacía insuficiente y sus atrasos eran reprendidos por la patronal. 
No fue la primera vez que el movimiento obrero enfrentó una cruenta represión, unos años atrás había sido  Valparaíso (1903) y Santiago (1905). Tampoco sería la última, más tarde vendrían Iquique (1907), Magallanes (1920), San Gregorio (1921), Ránquil (1934), entre tantas otras más. Sin ir más lejos, en 1890 el Norte Grande, como lo llamó el poeta, ya había sido testigo del carácter fratricida del ejército chileno. La “huelga grande”, primera de carácter general en el país, se extendió desde Tarapacá hasta Valparaíso, concitando la adhesión de los más diversos gremios; carpinteros, sastres, ebanistas, zapateros, ferroviarios, tipógrafos, entre otros, acudieron al llamado. Fue esta una demostración del incipiente movimiento, el que en su regeneración, avanzaba a formas de organización más políticas e ideológicas, las que décadas más tarde le permitirían levantar importantes reivindicaciones huelguísticas. Veamos este proceso en tierras antofagastinas.

La “Cuestión Social” y las asociatividad obrera en Antofagasta.
Primeramente contextualicemos la situación social, económica y política del país en ese entonces. Se vivía en aquellos años la llamada “Cuestión Social”, época marcada por abismales contradicciones entre el capital y el trabajo, las que se traducían en condiciones miserables de vida para la clase obrera, mientras que la  oligarquía disfrutaba imitando la vida europea. Los sectores populares debieron enfrentar las escasas condiciones higiénicas, el hambre y el hacinamiento, además de altas tasas de mortandad infantil, el trabajo a temprana edad y la incerteza de saber si volvería con vida de la jornada laboral, dejando a familias enteras sin un sustento.
Contrastaba esto con el pujante desarrollo industrial del país, principalmente del sector minero en la zona norte; donde las guaneras, el salitre y el caliche atrajeron rápidamente la inversión extranjera. Con la llegada del capital foráneo se desplegó una amplia red para el procesamiento y flujo de las mercancías, la  que se materializó en la construcción de oficinas en la pampa, líneas ferroviarias, maestranzas, fundiciones, puertos y en una rápida urbanización de las localidades, las que fueron pobladas por los “enganchados” y sus familias, quienes llegaban con la ilusión de un mejor porvenir en estas tierras.
Sin embargo la realidad fue distinta, y los obreros en el norte debieron enfrentar precarias condiciones laborales, así como constantes abusos de las Compañías, lo que sumado a las paupérrimas condiciones de vida fueron repercutiendo en una serie de enfrentamientos entre trabajadores y patrones, y a su vez en formas cada vez más solidas de organización sindical entre los oprimidos. Entre las primeras organizaciones que se desplegaron, encontramos las “Sociedades de Socorro Mutuos”,  cuya finalidad consistía básicamente en el auxilio económico de sus afiliados en casos de accidentes laborales, enfermedad o viudez.  Entre las más destacadas en Antofagasta figuraron las Sociedad de Igualdad y Protección Mutua de Carpinteros  fundada en 1893, la Gran Unión Marítima (1894), la de Panaderos (1896) la de Tipógrafos  (1897), la de Cocheros (1899) y finalmente la de Lancheros (1900).
Con el despuntar del nuevo siglo, estas formas de asociatividad adquirieron un mayor contenido ideológico, transformándose en Mancomunales y Sociedades de Resistencia. Este proceso estuvo ampliamente influenciado por el arribo y auge de las ideas revolucionarias, principalmente el socialismo y el anarquismo. De esta forma, el movimiento obrero antofagastino adquirió un carácter más combativo que le permitió obtener mejoras económicas, las que se consiguieron en gran parte por  la utilización de la acción directa y la huelga general, tácticas promovidas por los ácratas. En este periodo, el historiador local Floreal Recabarren identifica más de un centenar de conflictos reivindicativos, destacando entre ellos el de marítimos durante 1903 y las huelgas ferroviarias del año siguiente.  Es en estos años de radicalización en que surge la Mancomunal de Obreros de Antofagasta (1903), la que años más tarde protagonizaría la trágica huelga de 1906, la que como señaló El Hambriento, vocero ácrata limeño, “inscribió el nombre de Antofagasta en el movimiento obrero mundial, junto a los mártires de Chicago”.

La  Mancomunal de Obreros de Antofagasta y los anarquistas.
Fundada el año 1903, siguiendo el ejemplo de los obreros de Iquique (1900) y Tocopilla (1902), aglutinó distintas tendencias políticas, en su mayoría demócratas, socialistas y anarquistas. Su primer directorio estuvo conformado por Anacleto Solorza, Antonio Cornejo e Ismael Muñoz.  Adoptó como vocero escrito el existente “El Marítimo”, a través del cual promovió la  organización de los trabajadores, provocando así un evidente aumento de la actividad huelguística en el Departamento de Antofagasta.
Respecto a las primeras evidencias de presencia libertaria entre sus filas, encontramos los artículos publicados en “El Marítimo” por I. Pellegrini Lombardozzi, conocido agitador ácrata de la zona central del país, además de las constantes comunicaciones con el periódico La Luz, de un marcado anarquismo. A pesar de estos testimonios, durante sus primeros años predominó la tendencia demócrata, la que era impulsada principalmente por dirigentes que provenían de la Gran Unión Marítima y otras Sociedades de corte mutualista.
Sin embargo, con el paso de los años, la tendencia anárquica fue en aumento en su seno, lo que se hizo más latente en 1905 cuándo Manuel E. Aguirre, ácrata local, se convirtió en secretario general de la Mancomunal y redactor de “El Marítimo”.  A este hecho debemos sumarle el arribo de agitadores provenientes de Santiago y Valparaíso, entre ellos Alejandro Escobar y Carvallo, Marcos Yáñez, Clodomiro Maturana, Casimiro Fuentes, Luis. González y Adrian Chiavegatto, los que junto a Aguirre conformaron el sector libertario en la Mancomunal.
La presencia de estos fue evidente, el accionar de la organización se orientó a promover la huelga general y la táctica de la acción directa. Por otra parte las páginas de su periódico se revistieron de la polémica entre ácratas y Recabarren, quien replicaba desde el medio demócrata “La Vanguardia”. Otro hecho que evidencia la participación anárquica, fue la derogación de los Estatutos de la Mancomunal en enero de 1906.

Cliché de El Marítimo, órgano de la Mancomunal de Antofagasta
Huelga de 1906, Matanza en la Plaza Colón.
A mediados de enero de 1906 comenzaron a formarse distintas Sociedades de Resistencia en la ciudad, entre ellas la de Caldereros. Junto con esta transformación del movimiento obrero, comenzó a circular una solicitud, en la que los obreros exigían media hora más de colación, ya que debido a lo retirado en que vivían no alcanzaban a llegar a tiempo en la jornada de la tarde, quedando expuesto a castigos por parte de las empresas. Gran parte del comercio aceptó la medida, a excepción de los administradores del Ferrocarril, los que hicieron sentir su intransigencia inglesa.
Con el correr de los días, el 29 de enero, la huelga se convirtió en general, contando con el apoyo de marítimos, ferroviarios, salitreros, operarios de las fundiciones y diversos gremios de la pampa. En esta reunión se conformó un comité huelguístico, el que quedó integrado por Vicente Díaz, Casimiro Fuentes y el asesoramiento de Escobar y Carvallo.
Este grupo de obreros se reunió el día 1 de febrero con Mapleton Hoskins, administrador del Ferrocarril, sin embargo este no los reconoció como negociadores válidos, al no pertenecer a la empresa. Al día siguiente, un nuevo delegado visitó las inmediaciones y Hoskins propuso aceptar una media hora más de colación, a cambio de añadir semejante tiempo a la jornada de la tarde, medida que fue desestimada por los obreros quienes continuaron la huelga.
Días más tarde, se redactó una nueva circular y se sumaron más gremios a la paralización,  además se convocó a un mitin obrero para el día 6 en la Plaza Colón, lo que tensionó aún más las cosas. La burguesía, alarmada por la defensa de sus propiedades y capitales, organizó la Guardia Civil al alero del Club de la Unión. Esta se conformó por hijos de comerciantes, en su mayoría españoles, los que solicitaron armas y autorización al Intendente Daniel Santelices. Pero la labor represiva de este no se quedó ahí, también solicitó la intervención del “Regimiento Esmeralda”, y del crucero “Blanco Encalada”, el que por esos días se encontraba en costas antofagastinas.
Ese día la multitud obrera se manifestó desde temprano volcándose a las calles e invitando a la concentración de la tarde, programada para las 16hrs. También hubo acciones en contra del Ferrocarril, al que se le destrozó uno de sus relojes.  Una vez congregados en la Plaza Colón, comenzaron los acalorados discursos de los oradores. Mientras tanto ,las fuerzas de orden se apostaron en distintos puntos estratégicos; la mayor parte del contingente (120 hombres y una ametralladora según Silva Lezaeta) en las dependencias de Ferrocarril, por un costado de la Plaza apareció la Guardia Civil y por enfrente las tropas del “Esmeralda” y el “Blanco Encalada” dejando literalmente encerrado a los manifestantes.
Una de las versiones, señala que los disparos comenzaron por parte de un español integrante de la Guardia, el que habría respondido a la provocación del anarquista español Pedrín Torrales. Lo cierto es que sea por este motivo u otro, en cosa de minutos  las balas inundaron la plaza en todas las direcciones, dejando un saldo que fluctúa entre 50 y 300 obreros fallecidos, el que es difícil conocer en exactitud debido a la fiabilidad y escases de las fuentes con las que se cuentan.  Además, al día de hoy, existen escasos registros de las defunciones, y el cementerio tan solo se conserva unos pocos sepulcros, entre ellos, el del demócrata, carpintero y dirigente ferroviario Pedro Banda.

Tumba del dirigente demócrata Pedro Banda
Caída y repunte del movimiento obrero local.
Al día siguiente, los ánimos enardecidos de los obreros y las ansías por vengar a sus caídos los volcaron nuevamente a las calles, lo que dio origen a variados disturbios. En calle Prat, un grupo de ellos creyó reconocer a uno de los responsables de la masacre, y dio muerte a pedradas y pateaduras a Richard Rogers, trabajador de English Lomas Company. Luego se incendiaron las dependencias de la tienda “La Chupaya”, de dueños españoles. Estas llamas se extendieron por calle Angamos (actual Matta) casi toda la cuadra, alcanzando las dependencias del periódico “El Industrial”, decano de la prensa local. También se dieron vuelta vagones del ferrocarril y se arrancaron más de 100 metros de rieles.
Tienda "La Chupaya" siniestrada el 7 de feb. 1906
En cuanto a las reacciones por parte de la empresa, debemos considerar el actuar de Harry Usher, quien en su calidad de superior, fustigó al intendente a declararse incompetente ante los sucesos, solicitando apoyo al gobierno británico, y pretendiendo darle ribetes internacionales al asunto.  Luego de un tiempo la agitación fue aminorando, y se nombró una comisión arbitral la que quedó compuesta por el Vicario Luis Silva Lezaeta, el Alcalde Ismael Soto y el escritor Pedro Pablo Figueroa. Sin embargo a pesar de la sangre vertida, la negativa de los capitalistas se logró imponer.
Fue ese 7 de febrero uno de los últimos respiros de la agitada huelga, así como también de la presencia anárquica en la Mancomunal, organización que después de los hechos disminuyó considerablemente debido a la salida del elemento libertario, como se demuestra en “El Marítimo”, que al año siguiente se convertiría en “Libertad Social”, de marcado talante democrático.
A muchos de estos agitadores los encontramos al año siguiente en la Matanza de la Escuela de Santa María, como el caso de Manuel E. Aguirre quien más tarde volvería a estas tierras, siendo uno de los que impulsores del Centro Instructivo de Obreros Luz y Vida, que editaría durante 4 años el periódico del mismo nombre. Pero esa ya es otra historia, también olvidada por la memoria antofagastina.


Algunas referencias:
  • Anarquismo y movimiento mancomunal en Antofagasta: A 100 años de la matanza obrera en la Plaza Colón, febrero de 1906. (Javier Mercado)
  • El Movimiento Obrero y popular en la región. (Héctor Ardiles).
  • La huelga de 1906 en Antofagasta. Una manifestación social de crisis del estado oligárquico. (Patricio Castillo).
  • Los Anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de 'la Idea' en Chile, 1893-1915. (Sergio Grez).
  • Luis Silva Lezaeta y la huelga de 1906 en Antofagasta. Hacia un estudio sobre la iglesia y los conflictos sociales. (José González).
  • Organizaciones obreras, conciencia de clase y politización popular en Antofagasta. (Javier Mercado).
  • Memorias. (Alejandro Escobar y Carvallo). Revista Mapocho n°58, pp. 351- 419. 

Periódicos: El Marítimo (Antofagasta), La Voz del Obrero (Taltal), Pensamiento Obrero (Pozo Almonte), El Mercurio de Santiago, El Hambriento (Lima, Perú).

26.4.14

Entre mar y pampa

Entre mar y pampa, un puñado de  mujeres y hombres se funde con el desierto. Las manos ensangrentadas por el caliche, el hombro cabizbajo por la estiba, las largas jornadas entre rieles y calderas,  enfrente la carabina enemiga. Imágenes como retazos de una vida  de ayer, pero siempre presente; rostros incómodos de la pampa, espacios populares y las paradojas del progreso. 

Para ampliar las imágenes haz clic en ellas.
Manifestación obrera en el muelle de Antofagasta, 1904.

Plaza Colón hacia 1906, año de la matanza.

Obreros de la Fundición Orchard en Huelga. Antofagasta, 1908

Muelle de Antofagasta, hacia 1905


Caldereros de la Oficina "Peregrina"

Huelga obrera en Taltal, 1908

Ripiadores de la pampa

22.3.14

Una reflexión sobre la crianza desde una perspectiva antiautoritaria

Por Feria Vivir la Utopía

Mucho se habla dentro de los diversos círculos de afinidades ácratas a cerca del ''anti autoritarismo'', tanto de la teoría como de la practica. Sin embargo, sabemos las dificultades que implica la practica de nuestras ideas en este contexto, una sociedad globalizada cimentada y sumisa a los fines del capitalismo, la cual dentro de sus valores propaga la competencia, el respeto a la autoridad, y la supremacía del mas poderoso. Todos estos valores totalmente contrarios a nuestras ideas, o a las ideas de cualquier persona que desee algún día realizarse como un individuo completamente libre. Tanto el trabajo como la escuela, los grupos afines o la crianza son problemas a los que los ácratas nos hemos visto enfrentados desde hace mucho tiempo, y que pocos nos hemos detenido a reflexionar.

La crianza entre antiautoritarios no es teoría, la crianza es practica en su máxima expresión, no se puede hablar de como criar a un hijx, acá no pretendemos crear un manual de crianza, si no mas bien abrir el espacio a la reflexión en torno a como criamos a nuestros hijxs sin caer en la contradicción de transformarnos en una autoridad, una maquina de temor para nuestros niñxs. Sabemos lo importante que es para el mundo y para el desarrollo de nuestras ideas las buenas relaciones de afinidad y la horizontalidad que entablamos al conversar, al desarrollarnos, o a cualquier forma de contacto con otra persona sin dejar de pensar en la realidad que nos movemos.

La paternidad/maternidad es una realidad a la que los antiautoritarios no estamos ajenos, ante lo cual debemos ingeniarnos métodos y formas de enseñanza ad hoc a los fines que pretendemos correctos. Este ejercicio de crianza es el primer fundamento que el sistema capitalista tiene para avalar y defender la autoridad y en base a eso se crea todo un esquema de vida que sigue de la escuela a la educación superior y luego al trabajo, en donde si no te desarrollas como una autoridad te desarrollas como un ser sumiso a una autoridad, llámese jefe (en el caso del trabajo), profesor (en el caso de la colegiatura), o llámese policía, presidente, gendarme en el caso de pertenecer a un pedazo de tierra trazado con lineas imaginarias que segregan los lazos de afinidad y fraternidad entre habitantes de un mismo planeta.

Psicólogos afirman que la desaparición del autoritarismo en la crianza trae consigo severos cambios en la conducta del niñx y requiere de habilidades nuevas y diferentes por parte de padres y educadores para que este pueda realizarse como un individuo solidario, fraterno e integro, osea que podemos deducir que si un niñx se desarrolla en ausencia de una autoridad y bajo las mismas costumbres que la sociedad actual, tendremos como resultado un individuo totalmente contrario a lo que pensamos, un ser que no sabrá diferenciar entre la libertad y el libertinaje y tenderá a capitalizar los valores, la voluntad, la solidaridad, el apoyo mutuo. Por ende si estamos en frente a una relación de padre e hijo libre de autoridad, las dinámicas que se emplearán deberán ser otras, la vida en comunidad, el libre ejercicio del desarrollo de actividades, el respeto y la empatía como códigos para crear relaciones afines, teniendo en cuenta que el niñx por lógica tienda a reproducir los valores que son puestos en practica y que puede percibir.

Otro punto que consideramos importante de cuestionar son los objetos con los que interactúan desde pequeñxs, sabemos lo importante que son los juguetes para los niñxs, estos cumplen un rol importantísimo, los juguetes son el mejor compañero para el desarrollo de las funciones psíquicas, físicas/motoras y sociales, el tipo de juguete varia en el tipo de personalidad que el niñx pueda desarrollar, ante lo cual debemos hacer hincapié en el tipo de juguete que elegimos para ellos.

Es normal que tengamos recuerdos de alguna vez haber jugado con soldados de plástico, pistolas de juguete (y muchas veces de balines), petardos en ciertas fechas, etcétera, pues todos estos juguetes puedes ser considerados como bélicos. Por lo cual, no debiera impresionarnos la actitud violenta que pueda desarrollar el niñx con el tiempo.

Los juguetes también pueden ser considerados como sexistas, por ejemplo, los juguetes tradicionales de mujeres son las muñecas, cocinas de juguete, bebes, etcétera, en cambio en los hombres pelotas de fútbol, espadas, pistolas, figuras de súper héroes, siendo así muchas veces inamovible esta dinámica para quienes realizan el ejercicio de la crianza. El libre uso de juguetes en los niñxs no trae en lo mas mínimo consecuencias negativas para ellos, pues si este logra ver que sus referencias (padres o cercanos) realizan con satisfacción las diversas actividades, las posibles burlas de sus pares no lo afectaran en lo mas mínimo, para que esto sea posible, es necesario que el niñx tenga reforzado su autoestima, auto conocimiento y su autonomía. Esta forma de interactuar con diversos juguetes será clave para una formación integra en el futuro del niñx y favorecerá la libre convivencia de sexos, por ende en un futuro el individuo será una persona critica, tolerante y capaz de desarrollarse en cualquier entorno sin correr el riesgo de fracasar en sus planes personales. ''Los juguetes añaden magia y emoción al aprendizaje sobre la vida, el funcionamiento de las cosas y cómo llevarse bien con los demás. Saber escoger los juguetes que fomenten el juego sano amplía el desarrollo cognoscitivo, físico y social del niño. Los juguetes que fomentan la creatividad y la imaginación en los niños por lo general son los que se utilizan una y otra vez''.

Existen muchos dificultades para nosotrxs como antiautoritarixs en poder realizarnos como tal debido al contexto situado en una mera incongruencia, ante la cual combatimos de forma paralela en nuestras acciones cotidianas. Sin embargo, consideramos necesario entablar desde un comienzo las diferencias entre lo utópico y lo real, y enfocar nuestra lucha hacia eso, la búsqueda de la utopía sin despegar nuestros pies de la tierra, conviviendo y reconociendo una realidad, alimentar la auto critica y las propuestas para así algún día abrazar el anhelado despertar iluminado por el sol de la anarquía.